La historia del Reiki tradicional empieza en el siglo XIX, aunque el sistema tenía ya una venerable antigüedad.
Se dice, mediante canalizaciones de médiums, ya que conocer la historia verdadera antes de estas fechas descritas, es casi imposible, que la divinidad hindú que hoy conocemos como Siva, y que era femenina en su origen, se encargó de traernos el Reiki a la Tierra y desea ser recordada por ese don. En el diseño del organismo humano, para este planeta, Reiki quedó incorporado al código genético  y por tanto es un derecho innato a todos los humanos.
Los cambios telúricos que experimentó la Tierra en sus comienzos, produjo una grave desorganización cultural y este sistema de curación se salvó por haberlo preservado una minoría que emigró hacia la India y el Tíbet.

 
No volvemos a saber nada de Reiki hasta mediados del siglo XIX, cuando Mikao Usui, un decano de la Universidad Doshisha de Kyoto y sacerdote cristiano, nacido en Japón el 15 de agosto de 1865, preguntado por sus alumnos acerca del método de curación mediante el cual sanaba Jesús y Buda, empezó a investigar y se propuso redescubrir y aprender esta técnica. Determinado a encontrarla comenzó una larga búsqueda que le llevo más de diez años.

La historia de Usui y el redescubrimiento del Reiki, queda inscrita como una leyenda ya que no se poseen datos oficiales. Existen controversias respecto a su vida, ya que su historia fue transmitida oralmente de maestro a discípulo, permaneciendo envuelta en mucho misterio. No obstante la esencia quedó, y ha sido transmitida de generación en generación.
Viajó por todo Japón y cuando las jerarquías cristianas de este país le advirtieron de que no debía profundizar en esta enseñanza, desvió sus estudios hacia el budismo. Los monjes budistas  dijeron a Usui que la técnica de la sanación del cuerpo físico había desaparecido hacía mucho tiempo, cuando empezaron a concentrarse sólo en la curación del espíritu, que es mucho más importante, y de este modo perdieron la facultad de curar lo físico.


La doctrina budista se basa en el principio de la compasión hacia todos los seres vivos, la no-agresión hacia las personas y los animales, la prohibición de no matar a ninguna persona ni animal, y la ayuda a los demás atendiendo a la caridad desinteresada y abnegada. De tal manera, que para el budista, la curación significa mucho más que sanar el cuerpo, por que también es menester sanar la mente  y las emociones y en consecuencia la curación debe abordar todo el plano espiritual. El príncipe Gautama Siddahartha, que fue Buda, (620-543 a.C.) había descubierto en su Primera Revelación que el dolor del mundo se debe a nuestra adhesión a las posesiones materiales y a los demás humanos.

Se dice, incluso, que Usui en su búsqueda en 1898 viajó a Estados Unidos, en donde residió durante siete años y tampoco allí mientras estudiaba en la facultad de Teología de la Universidad de Chicago, los cristianos quisieron ser más explícitos, por lo que volvió a Japón.
A partir de ahí ya no se registra ningún otro comentario sobre Usui como monje cristiano, sino que se le ubica en un monasterio Zen, en donde estudió sánscrito, el antiguo idioma litúrgico de la India y el Tíbet, y por primera vez, fue alentado por un anciano monje que estuvo de acuerdo con él en que podía ser posible curar el cuerpo, como ya lo había hecho Buda; además si había sido posible una vez debería existir la posibilidad de redescubrir nuevamente la fórmula de la curación, pues lo que hoy conocemos como Reiki ya se conocía en la India desde los tiempos de Buda, por lo que aparece descrito parcialmente en los Sutras ( libros sagrados ) budistas. Desde luego no incluía la manera de activar la energía, ni como ponerla al servicio de los fines curativos; el hermetismo de los Sutras era intencionado, a fin de evitar que personas no cualificadas llegasen a conocer estos recursos tan poderosos y llegasen a utilizarlos indignamente.

Mikao Usui viajó también a la India, y allí en una de sus investigaciones en un antiguo manuscrito de un discípulo anónimo de Buda encontró los cuatro símbolos sagrados de la fórmula utilizada por Buda para curar. Llegó a descifrar la fórmula y tal como nos dice Takata en su libro, "se dio cuenta de que era tan sencilla como la luz del día", pero ahora había que interpretarla, pues recordemos que la fórmula se había escrito en tiempos pasados ( 2500 años aproximadamente ), los Sutras ponían en movimiento una energía sumamente poderosa capaz de conducir a un poder ilimitado de curación; sin embargo una simple fórmula sin las explicaciones de cómo usarla, y sin poseer la debida capacidad de activarla, no le otorgaba la habilidad de curar, por lo que comprendió que debía someterse a esta prueba.
De vuelta a Japón en 1908, decidió someterse a esa prueba, la cual consistió primeramente, en tres semanas de meditación , ayuno y oraciones, en el monte Kurama, montaña considerada sagrada, una vez había elegido el lugar para instalarse, colocó veintiuna piedras frente a él, una para cada día, que arrojaba al término de la jornada para no perder la cuenta del tiempo transcurrido. La madrugada final de su prueba, en la hora más oscura antes del amanecer, Usui vio un punto de luz en el cielo que se dirigía a él, y su primera reacción fue la de huir, apartarse, para que no le golpeara, ya que venía directa hacia donde él estaba, pero cuando se fijó más en "esa luz" se dio cuenta de que ésta tenía consciencia y que se estaba comunicando con él. Sintió miedo, pues la luz era muy potente y parecía muy poderosa, pero decidió que que la facultad de curar la enfermedad tenía tanto valor, que merecía la pena arriesgarse a morir por recibirla.
El rayo de luz le hirió en la frente y perdió el conocimiento, luego vio "millones y millones de burbujas con todos los colores del arco iris" y finalmente los símbolos Reiki, , como si estuviesen proyectados en una pantalla. A medida que iba visualizando los símbolos, recibía información de cada uno de ellos, como se utilizaban y como activaban la energía salutífera. Así se produjo el primer alineamiento Reiki, por redescubrimiento psíquico del método ancestral.

Mikao Usui bajó del monte Kurama sabiendo como curaban Jesús y Buda. En el camino de descenso tuvo las experiencias tradicionalmente conocidas con el nombre de "los cuatro milagros". El primero fue que mientras andaba, tan deprisa quería bajar del monte, que se hirió  en el dedo gordo del pie con una piedra, lo primero que hizo por instinto fue sentarse y tomar el pie entre sus manos, las palmas de éstas se calentaron y el dedo herido dejó de sangrar y se curó.
Después, al llegar al pie de una montaña, entró en una hostería y pidió una abundante comida, puesto que estaba hambriento después de los veintiún días de ayuno, lo cual era una gran imprudencia después de tanto tiempo sólo tomando agua, pero a él no le hizo daño, se comió todo lo que le sirvieron y se sintió muy bien.
El tercer milagro fue, que la tabernera que le servía la comida tenía un fuerte dolor de muelas y el la curó tomándole la cara entre las manos, y por último, cuando llegó al monasterio, le dijeron que el Lama ( el cual se había hecho muy amigo suyo ), estaba acostado muy enfermo y con un fuerte ataque de artritis, el fue a verle y también le curó.

A esta energía salutífera Usui la bautizó con el nombre de Reiki.

Desde entonces se dedicó a practicar y enseñar Reiki por todo Japón, emprendió una existencia de peregrino; recorrió todo el país a pie, portando una antorcha y enseñando a quienes realmente querían conocer más, enseñaba a sus discípulos cómo curarse a ellos mismos y les mostraba los principios del Reiki para ayudarles  a alcanzar la armonía de los cuerpos físico, emocional, mental y espiritual, así conoció a su primer discípulo y siguiente maestro Reiki, el Dr. Chujiro Hayashi, oficial de la Armada en situación de reserva.  
A la edad de 47 años, Chujiro recibió de Usui la formación Reiki en el grado de maestro y se convirtió en su sucesor.

Usui falleció el 9 de marzo de 1926 y antes de partir dio la sintonía de maestro a 16 ó 18 maestros de Reiki, para que continuasen impartiendo esta enseñanza y no volviese a perderse.


 ¿ Cómo ha llegado hasta nosotros, cómo salió del Japón ?